poesía‎ > ‎

el largo viaje a casa

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
5ta avenida de Los Palos Grandes

o La ardilla

 

En la alcantarilla,

allí donde ayer noche fluyó el agua

cuando sobrevino la tormenta

-el Cordonazo de San Francisco-

mi sobrina encontró

el cadáver de una ardilla.

 

Con su larga cola colocada en dirección

hacia los carros y camiones

que pasaban cerca,

la ardilla parecía

haber logrado cierta paz

en el urbano movimiento.

 

Pudo reposar un tiempo

sobre el asfalto de la calle

hasta que otra lluvia

la arrastró a la acequia,

a la quebrada,

al río pestilente.

 

El silencio muy pequeño en el vacío

que dejó al borde de la acera

frente a la casa

quizás fuera un  transitorio

homenaje a su piel,

su larga cola esponjada

 

que ahora acaricio en mi memoria.

 
 
 
 
 
 
 
 Amherst, Massachusetts

 

En un viaje hacia el Este,

hacia las colinas, los pequeños bosques

coloreados por el viento de septiembre,

el viajero se detiene en un pueblo

de la Nueva Inglaterra.

 

Junto a un pequeño río

están los bancos de madera,

las capillas anglicanas,

cuyos feligreses

no parecen preocuparse mucho

por la casa de ladrillos

a la entrada de este pueblo.

 

Pero no dejemos que la impresión

del primer momento nos confunda.

 

Pues la casa, el jardín de flores

-un inmenso roble en el medio-

es tenida en cuenta al menos

por el grupo de adeptos

y lectores de la poesía.

Nada en esta casa manifiesta relación

con algunos versos recordados.

Sólo el vestido blanco en la vitrina

nos sugiere algo de esa mínima figura

que creía en el poder de la palabra

y de la muerte.

 

Al salir del cuarto

los viajeros se dispersan

entre flores, robles y senderos,

toman fotos de fachadas,

de ventanas y muros de piedra,

oyen lejos el tronar de los camiones

en la carretera,

reflexionan un momento,

fuman uno o dos cigarros,

luego vuelven

a la ruta

al itinerario programado.

En un viaje hacia el Este

no se encuentra la poesía,

pero sí

los diminutos restos de ella